Sunday, 18 October 2009

Ensayo “Algunos prejuicios en la educación

Usualmente al escribir un texto, consciente o inconscientemente, nos dejamos guiar por nuestros prejuicios. Esto influye tanto en la forma como en el contenido de nuestro escrito y en la intención con la que nos dirigimos a nuestros lectores. Ser estrictos en el análisis de los argumentos que esgrimimos, puede ayudarnos a evitar esto. Desafortunadamente nuestros prejuicios están presentes inclusive cuando intentamos ser objetivos y, muchas veces, cuando elaboramos un texto académico no podemos evitarlos del todo. He corroborado eso en tres trabajos que he revisado en igual número de publicaciones, disponibles en la Internet, sobre educación.

De acuerdo con la Wikipedia, “un prejuicio es una creencia, opinión o juicio preconcebidos, especialmente hacia un grupo de personas caracterizadas por su raza, clase social, género, etnicidad, orientación sexual, edad o religión. Implica creencias a priori e incluye cualquier actitud que sea resistente a la influencia racional y que, generalmente, implica miedo y antipatía hacia un grupo”. Como nuestra interpretación de la realidad se construye por la información, el conocimiento y la experiencia de vida que hemos tenido, paulatinamente vamos formando ideas o preconcepciones personales que anteponemos siempre al enfrentarnos a situaciones conocidas y desconocidas. Esto da forma y estructura no sólo a nuestra forma de pensar sino a todo lo que producimos.

Uno de los prejuicios con los que me topé es este concepto de “científico loco”, en un artículo de Rangel (2009). Cierto es que a veces usamos frases coloquiales sin que eso implique, necesariamente, que las creemos indubitablemente, pero el contexto en el que las decimos o el hecho de hacer explícito o no que simplemente estamos citando “conocimiento popular” habla mucho de cuál es nuestra percepción de la frase o el grado en que la tenemos introyectada. Quizá esta idea del científico en bata blanca, despeinado y frecuentemente con intenciones malévolas la hemos extraído de una mezcla dada por las películas de “El Santo”, la imagen desenfadada de Einstein o los monstruos de los cuentos como Frankestein. Quizá Einstein no era descuidado de su imagen por ser científico, sino por algún rasgo de su personalidad sin relación alguna con su vocación o quizá ese estilo de peinado (o mejor dicho, de despeinado) era su favorito. Quizá el contacto con solventes y gases termina afectando la salud física o mental de algunos investigadores pero no creo que, intrínsicamente, el ser científico venga ligado con ser demente.

Monroy (2009), en mi opinión, muestra otro prejuicio ampliamente compartido por muchos académicos y que resulta ser piedra fundamental de muchas instituciones: el creer incontrovertiblemente, que siempre es posible evaluar los conocimientos y las habilidades en una prueba escrita. Podría pensarse que considerar tal afirmación como prejuicio podría parecer reduccionista o hasta nihilista pero sólo tengamos en mente que un prejuicio es toda idea preconcebida, lo cual no significa que estrictamente deba ser falsa. El aprendizaje es un proceso muy complejo y es tangible de múltiples maneras, muchas de las cuales no son fácilmente aprehensibles. Hay quienes poseen habilidades o conocimientos y no las destrezas para demostrarlo en pruebas escritas. Tal es el caso de individuos con algunas enfermedades mentales o incapaces de controlar la ansiedad que les provoca una prueba. No sobra decir que en la actitud de nerviosismo y miedo que en la mayoría de los estudiantes provoca un examen, tiene mucho que ver la actitud del docente en su influencia hacia los alumnos desde tempranas edades. También tenemos los casos en que las pruebas escritas simplemente son ineficaces para evaluar lo que supuestamente deberían. El mejor ejemplo de esto, son las decenas de miles de chinos que, solicitando trabajo, obtenían el 90% del puntaje en los exámenes TOEFL en sus modalidades escrita o en computadora y que llegando a Estados Unidos eran totalmente incapaces de comunicarse verbalmente. Fruto de ello el examen tuvo que readaptarse hacia una modalidad ahora denominada “basada en la Internet”.

Un último prejuicio que localicé es el creer que la estadística puede inequívocamente comprobar algo, en lo que basa su trabajo Sánchez (2009). El mismo Napoleón decía que la estadística es la forma más hábil de la mentira. Y algunos autores como Buck (1975) dan un ejemplo al mencionar que “la mala ciencia proviene de un investigador comportándose como naturalista y aplicando técnicamente, ingeniosos métodos a un conjunto de observaciones que no prueban ninguna hipótesis”. Esto no quiere decir que esta rama de las matemáticas no sirva para nada, sino que su correcta aplicación requiere de un frágil equilibrio entre un instrumento estadístico concebido casi impecablemente y un análisis no sesgado ni prejuiciado por lo que se quiera demostrar. Un par de condiciones solamente conciliables “cuando el ego no gasta la energía psicológica en proteger su imagen e invierte esa energía en actos de aprendizaje” tal cual lo menciona Cereza Huerta (2006).

Podemos concluir, entonces, que algunos textos académicos si bien no están plagados de prejuicios sí se fundamentan en ellos. He mencionado unos pocos, sin querer ser exhaustivo, siendo evidente que hay muchos ejemplos más. Lo principal para evitar ser prejuiciosos, en la medida de lo posible, sería el análisis cotidiano de lo que decimos, escribimos y hacemos como un ejercicio ineludible en todos nuestros campos de acción y en cualesquiera esferas sociales en las que estemos inmersos. Retomando uno de los ejemplos, creo que ciertos usos de la estadística representarían el epítome de una actitud prejuiciosa. Basta recordar una de las definiciones que, al respecto, da Islas (1994): “la ciencia por la cual si yo me he comido un pollo y tú te has comido ningún pollo, hemos comido por término medio, medio pollo cada uno”.


Referencias

Buck, C. (1975). Popper’s philosophy for Epidemiologists. International Journal of Epidemiology. (4), 159-168.

Cerezo, H. (2006). Aspectos éticos del plagio académico de los estudiantes universitarios. Recuperado el 30 de agosto del 2009 de

http://www.elementos.buap.mx/num61/pdf/31.pdf

Islas, C.J. (1994). El de en medio: pequeño Mamutse y lustrado (1a ed). Veracruz: Editora del Gobierno del Estado.

Monroy, L., Vidal, R. y Saade, A. (2009). Análisis de clases latentes. una técnica para detectar heterogeneidad en poblaciones. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.ceneval.edu.mx/ceneval-web/content.do?page=1689

Rangel, J.C. (2009). Robots y monstruos, cine y literatura. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.upn.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=444&Itemid=320

Sánchez, M. y Mungaray A. (2009). Problemática del Servicio Social y Propuestas para su Mejoramiento. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.anuies.mx/servicios/p_anuies/publicaciones/libros/lib51/0.htm

Wikipedia (2009). Prejuicio. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://en.wikipedia.org/wiki/Prejudice

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