Sunday, 18 October 2009

Primer ensayo

Implementación de tecnologías en la educación

La tecnología como un concepto dinámico

De las imágenes en movimiento a la máquina del conocimiento

Hablar de tecnología es referirnos a un concepto sumamente amplio y a veces disperso, sobre el uso y conocimiento de herramientas que una especie animal puede desarrollar para controlar y adaptarse a su entorno. Sin tratar de asirnos a una definición estricta, podemos decir que es la aplicación que, como humanos, hacemos de objetos materiales e inmateriales partiendo de recursos naturales para mejorar nuestra calidad de vida. Esto involucra desde máquinas, hardware o utensilios, hasta software, métodos de organización y técnicas. Cuando hablamos de la tecnología en la educación, instantáneamente se piensa en el uso, en los salones de clases, de algún dispositivo que ahora tan familiarmente, denotamos como informático; sin embargo no siempre ha sido así. Lo que sí ha sido constante, es el debate sobre cuán necesario es incluir la tecnología en el quehacer docente y la discusión respecto a las ventajas y desventajas de hacerlo.

Si nos remontamos a la aparición, alrededor de 1940, de las primeras computadoras y si recordásemos que no fue sino hasta 1981 cuando se afianzó el concepto de computadoras personales, entendido como el uso individual de tales dispositivos (aunque, en ese momento, a precios prohibitivos para la mayoría de la población), pensaríamos que podemos sumar, a lo más, veinte años de discusiones acerca de los potenciales beneficios de la implantación de la tecnología, en los diversos procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero estaríamos equivocados porque en 1937, casi quince años después de que las primeras imágenes en movimiento con sonido sincronizado fueran exhibidas públicamente, ya se discutía institucionalmente, a los más altos niveles en los Estados Unidos de Norteamérica, las oportunidades para mejorar la educación a través del uso de las películas, hasta ese momento dedicadas casi con exclusividad al entretenimiento. El mismo Thomas Alva Edison, en una entrevista en 1914, hablando de la video cámara· que había inventado, vislumbraba esta posibilidad al referirse a ella como una “máquina de servicio”. De tal forma que, cuando menos, han pasado setenta años desde que se visualiza a la tecnología como potencial creadora de nuevas oportunidades en la educación, siempre “con las apropiadas guías sociales y culturales”. En general, el impacto de la tecnología en nuestras vidas ha sido materia de análisis desde aún antes de entrar al siglo XX, cuando los intelectuales de la época ya comentaban que “el problema del progreso humano parece tener varios aspectos, como los físicos, materiales, sociales, morales e intelectuales” dentro de los cuales la tecnología es un área que debe aprovecharse para potenciarlos todos y sobreponerse a las límites humanos.

Uno de los problemas educativos en nuestro país (y en otros), es que se plantea que la tecnología no es indispensable para el trabajo en la escuela, viéndose como un lujo y no como una necesidad. Y, muy estrictamente, esto es cierto pero en la medida de las posibilidades económicas de cada región de nuestro planeta, siempre hay manera de incluirla de alguna forma y romper así, el monopolio del habla como instrumento que condiciona la información a compartir por una sociedad. Información que es transmitida entre las personas, a través del tiempo y no teniendo más diversidad que la escritura, que fue hasta cierto momento, la desviación mas significativa de esa tradición oral. Pero como dice Seymour Papert, sería sano cultural y pedagógicamente, pasar de las limitaciones de la lectoescritura hacia la adquisión de conocimientos basada, por ejemplo, en medios electrónicos que ofrecen una amplia gama de sensaciones más parecidas a experiencias de la vida diaria. Así comparte, de una forma más o menos similar, lo que planteaba John Dewey y otros partidarios o fundadores de la escuela filosófica del pragmatismo. Es evidente entonces, que continuar con los métodos tradicionales de enseñanza, independientemente que algunos los etiqueten de conservadores y anticuados, sí determina el grado de adquisición no sólo de información sino de conocimiento por parte de los educandos y que, en este sentido, la introducción de las computadoras a la educación es un reto al que se enfrentan los valores educativos, en una Escuela, que, como estructura social, debe legitimar su existencia ante las múltiples opciones que los padres buscan o crean en el afán de cumplir las ambiciones puestas en los hijos. Ambiciones que consideran no se cumplirían si los dejasen en las manos de administradores y profesores con una filosofía educativa inflexible y dogmática. Es en este contexto de transición, que Papert plantea la idea de una máquina del conocimiento que ofrezca a los niños un cambio desde la transmisión de información por lectoescritura donde son vistos y, más indignamente, sometidos como meros receptores, hacia una alfabetización personal, cooperativa, creativa y gradual que involucre su participacion más directa. Yo creo, que coartar la libertad de los niños a pensar y, más aún, aprovecharse del desconocimiento de ellos de que también la poseen en el contexto de la escuela, resulta en una forma de violencia no sólo premeditada, alevosa y ventajosa (más bien cómoda) sino institucionalizada y que amerita la revision del incumplimiento en la observación de sus derechos humanos más fundamentales. Evitar que con sus recursos mentales formen parte, aunque sea parcialmente, de la construcción de su conocimiento es sólo enfocarse en sus limitados recursos autodidácticos, propios de la corta edad y no vislumbrar las enormes capacidades diseñadoras que su infinita imaginación y gran capacidad de pensamiento no lineal les otorgan. Esta máquina del conocimiento producto de avanzada tecnología, él aspira, recogería todo el saber disponible y lo pondría, literal y metafóricamente, en sus manos, oídos, narices, bocas y ojos, para explorar el mundo más allá de las palabras, potenciando su capacidad creadora a través de experiencias sensoriales y kinestésicas.

Papert hizo manifiesta esta posición hace dieciséis años formando parte de una iniciativa que hace veintiséis, se generase en los Estados Unidos cuando se recomendó que las ciencias de la computación era una de los cinco competencias básicas que todo estudiante debía manejar después de sus doce años en la escuela pública. Las otras cuatro competencias planteadas a desarrollarse, cualesquiera los objetivos de trabajo o estudio después de esos años, fueron su idioma, las matemáticas, la ciencia y los estudios sociales. Respecto a las ciencias de la computación incluían tres aspectos: “el entendimiento de la computadora como un aparato de comunicación, cálculo e información; su uso en el estudio de las otras cuatro competencias tanto para propósitos personales como profesionales; y el entendimiento del mundo de las computadoras, la electrónica y las tecnologías relacionadas”. Reflexionemos por un momento en el equivalente mexicano y preguntémonos si, al terminar la preparatoria, nuestros alumnos han desarrollados estas competencias. Pese a que los norteamericanos, tampoco las han conseguido del todo, al 2003 ya habían obtenido tremendos avances que sólo pudieron ser posibles al haber implementado esta visión como política de estado. La revolución que debemos empujar en nuestras políticas educativas es precisamente considerar a la tecnología como una herramienta para enfrentar los retos en la enseñanza y el aprendizaje, como un agente de cambio y como una fuerza central en la competitividad económica. Mucho tenemos por hacer porque se requiere tener toda la infraestructura necesaria para mejorar el acceso y la conectividad, crear más y mejor software, estimular el desarrollo profesional sostenido y de alta calidad para entrenar a los profesores, incrementar la investigación y evaluación del impacto de las tecnologías en los estudiantes y revisar y actualizar las políticas que afectan el uso en la escuela de las tecnologías, particularmente en lo que se refiere a la seguridad y a la privacidad.

Todos estos aspectos y muchos otros, no abordados en este trabajo, me llevan a concluir que la implementación de la tecnología en la educación es no sólo indispensable sino que conlleva tantas oportunidades como problemáticas. Pero es imperativo su completa aplicación para conseguir el cambio del alfabetismo (la capacidad de leer y escribir) hacia una cultura alfabetizada (con la capacidad de pensar de formas reflexivas y creativas). Cualesquiera que sean los nombres con los que designemos a las implementaciones tecnológicas en la educación (como la máquina del conocimiento) el fin es llevar además de letras, también sonidos e imágenes vivientes para no sólo comunicar hechos sino para transmitir emociones desde una mente a otra sin las torpes (en el más amplio de los sentidos) interposiciones de las dificultades de los lenguajes y las limitaciones que las palabras han puesto en la mente de la humanidad por siglos. Ojalá sólo fuera cuestión de dinero (todo lo que tiene un precio económico es barato), pero requiere abatir la deficiencia de los profesores para usar las tecnologías adecuadamente, lo que es poco menos difícil que vencer la resistencia mental de muchos, a ellas. Recordemos que una herramienta pobre en las manos de un buen profesor puede ser más efectiva que una herramienta perfecta en las manos de un profesor con habilidades pobres en su uso. Se trata de vitalizar el curriculum, de hacer la educación más cercana a la vida real, de explotar todos los canales de aprendizaje porque es a través de tales experiencias con los niños, que los grandes objetivos sociales de la educación podrán ser alcanzados más directamente.


Merwin Marie Snell. The Man of the Future. Science, Vol. 18, No. 457 (Nov. 6, 1891), pp. 259-260

William E. Wickenden. A Challenge: review from “Education for an Age of Power” by Joseph K. Hart. The Journal of Higher Education, Vol. 6, No. 9 (Dec., 1935), pp. 503-504

Mark A. May. Educational Possibilities of Motion Pictures. Journal of Educational Sociology, Vol. 11, No. 3, Educational Aspects of the Motion Picture (Nov., 1937), pp. 149-160

A Nation at Risk. National Commission on Excellence in Education. US department of education. (Abr., 1983).

http://www.ed.gov/pubs/NatAtRisk/index.html

Accesado el 22 de Julio del 2009

Seymour Papert. The Children’s Machine: rethinking school in the age of the computer. USA. Basic Books. (1993), pp 1-21

A Retrospective on Twenty Years of Education Technology Policy. US department of education. (Oct., 2003).

www.ed.gov/rschstat/eval/tech/20years.pdf

Accesado el 23 de Julio del 2009.


· El concepto de video no existía en ese momento y el término correcto de su invención es “cámara de imagenes en movimiento”.

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