Sunday, 18 October 2009

Ensayo “Algunos prejuicios en la educación

Usualmente al escribir un texto, consciente o inconscientemente, nos dejamos guiar por nuestros prejuicios. Esto influye tanto en la forma como en el contenido de nuestro escrito y en la intención con la que nos dirigimos a nuestros lectores. Ser estrictos en el análisis de los argumentos que esgrimimos, puede ayudarnos a evitar esto. Desafortunadamente nuestros prejuicios están presentes inclusive cuando intentamos ser objetivos y, muchas veces, cuando elaboramos un texto académico no podemos evitarlos del todo. He corroborado eso en tres trabajos que he revisado en igual número de publicaciones, disponibles en la Internet, sobre educación.

De acuerdo con la Wikipedia, “un prejuicio es una creencia, opinión o juicio preconcebidos, especialmente hacia un grupo de personas caracterizadas por su raza, clase social, género, etnicidad, orientación sexual, edad o religión. Implica creencias a priori e incluye cualquier actitud que sea resistente a la influencia racional y que, generalmente, implica miedo y antipatía hacia un grupo”. Como nuestra interpretación de la realidad se construye por la información, el conocimiento y la experiencia de vida que hemos tenido, paulatinamente vamos formando ideas o preconcepciones personales que anteponemos siempre al enfrentarnos a situaciones conocidas y desconocidas. Esto da forma y estructura no sólo a nuestra forma de pensar sino a todo lo que producimos.

Uno de los prejuicios con los que me topé es este concepto de “científico loco”, en un artículo de Rangel (2009). Cierto es que a veces usamos frases coloquiales sin que eso implique, necesariamente, que las creemos indubitablemente, pero el contexto en el que las decimos o el hecho de hacer explícito o no que simplemente estamos citando “conocimiento popular” habla mucho de cuál es nuestra percepción de la frase o el grado en que la tenemos introyectada. Quizá esta idea del científico en bata blanca, despeinado y frecuentemente con intenciones malévolas la hemos extraído de una mezcla dada por las películas de “El Santo”, la imagen desenfadada de Einstein o los monstruos de los cuentos como Frankestein. Quizá Einstein no era descuidado de su imagen por ser científico, sino por algún rasgo de su personalidad sin relación alguna con su vocación o quizá ese estilo de peinado (o mejor dicho, de despeinado) era su favorito. Quizá el contacto con solventes y gases termina afectando la salud física o mental de algunos investigadores pero no creo que, intrínsicamente, el ser científico venga ligado con ser demente.

Monroy (2009), en mi opinión, muestra otro prejuicio ampliamente compartido por muchos académicos y que resulta ser piedra fundamental de muchas instituciones: el creer incontrovertiblemente, que siempre es posible evaluar los conocimientos y las habilidades en una prueba escrita. Podría pensarse que considerar tal afirmación como prejuicio podría parecer reduccionista o hasta nihilista pero sólo tengamos en mente que un prejuicio es toda idea preconcebida, lo cual no significa que estrictamente deba ser falsa. El aprendizaje es un proceso muy complejo y es tangible de múltiples maneras, muchas de las cuales no son fácilmente aprehensibles. Hay quienes poseen habilidades o conocimientos y no las destrezas para demostrarlo en pruebas escritas. Tal es el caso de individuos con algunas enfermedades mentales o incapaces de controlar la ansiedad que les provoca una prueba. No sobra decir que en la actitud de nerviosismo y miedo que en la mayoría de los estudiantes provoca un examen, tiene mucho que ver la actitud del docente en su influencia hacia los alumnos desde tempranas edades. También tenemos los casos en que las pruebas escritas simplemente son ineficaces para evaluar lo que supuestamente deberían. El mejor ejemplo de esto, son las decenas de miles de chinos que, solicitando trabajo, obtenían el 90% del puntaje en los exámenes TOEFL en sus modalidades escrita o en computadora y que llegando a Estados Unidos eran totalmente incapaces de comunicarse verbalmente. Fruto de ello el examen tuvo que readaptarse hacia una modalidad ahora denominada “basada en la Internet”.

Un último prejuicio que localicé es el creer que la estadística puede inequívocamente comprobar algo, en lo que basa su trabajo Sánchez (2009). El mismo Napoleón decía que la estadística es la forma más hábil de la mentira. Y algunos autores como Buck (1975) dan un ejemplo al mencionar que “la mala ciencia proviene de un investigador comportándose como naturalista y aplicando técnicamente, ingeniosos métodos a un conjunto de observaciones que no prueban ninguna hipótesis”. Esto no quiere decir que esta rama de las matemáticas no sirva para nada, sino que su correcta aplicación requiere de un frágil equilibrio entre un instrumento estadístico concebido casi impecablemente y un análisis no sesgado ni prejuiciado por lo que se quiera demostrar. Un par de condiciones solamente conciliables “cuando el ego no gasta la energía psicológica en proteger su imagen e invierte esa energía en actos de aprendizaje” tal cual lo menciona Cereza Huerta (2006).

Podemos concluir, entonces, que algunos textos académicos si bien no están plagados de prejuicios sí se fundamentan en ellos. He mencionado unos pocos, sin querer ser exhaustivo, siendo evidente que hay muchos ejemplos más. Lo principal para evitar ser prejuiciosos, en la medida de lo posible, sería el análisis cotidiano de lo que decimos, escribimos y hacemos como un ejercicio ineludible en todos nuestros campos de acción y en cualesquiera esferas sociales en las que estemos inmersos. Retomando uno de los ejemplos, creo que ciertos usos de la estadística representarían el epítome de una actitud prejuiciosa. Basta recordar una de las definiciones que, al respecto, da Islas (1994): “la ciencia por la cual si yo me he comido un pollo y tú te has comido ningún pollo, hemos comido por término medio, medio pollo cada uno”.


Referencias

Buck, C. (1975). Popper’s philosophy for Epidemiologists. International Journal of Epidemiology. (4), 159-168.

Cerezo, H. (2006). Aspectos éticos del plagio académico de los estudiantes universitarios. Recuperado el 30 de agosto del 2009 de

http://www.elementos.buap.mx/num61/pdf/31.pdf

Islas, C.J. (1994). El de en medio: pequeño Mamutse y lustrado (1a ed). Veracruz: Editora del Gobierno del Estado.

Monroy, L., Vidal, R. y Saade, A. (2009). Análisis de clases latentes. una técnica para detectar heterogeneidad en poblaciones. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.ceneval.edu.mx/ceneval-web/content.do?page=1689

Rangel, J.C. (2009). Robots y monstruos, cine y literatura. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.upn.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=444&Itemid=320

Sánchez, M. y Mungaray A. (2009). Problemática del Servicio Social y Propuestas para su Mejoramiento. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://www.anuies.mx/servicios/p_anuies/publicaciones/libros/lib51/0.htm

Wikipedia (2009). Prejuicio. Recuperado el 10 de septiembre de 2009 de

http://en.wikipedia.org/wiki/Prejudice

Resumen y reflexión sobre un texto sobre plagio académico

Resumen

El texto empieza mencionando que construir valores normativos de la actividad académica, es imprescindible y que la falta de dichos valores redunda en actitudes como las de plagio, que consiste en hacer pasar como nuestras las ideas ajenas. El plagio puede adoptar varias formas y tener varios motivos pero es un vicio que está en franca contraposición con un dominio de la lectoescritura que es una de las habilidades que se espera posean profesionales y/o académicos en el siglo XXI.

Cada época y sociedad tiene sus propios problemas y uno común en esta es que los alumnos copien y peguen de la red. Pero al no dar crédito al trabajo intelectual de otros, evitamos que tengan el mismo acceso a la misma información que tuvimos nosotros y evitamos, así que potencialmente alcancen las mismas conclusiones. Por ello, debemos ser rigurosos en la honestidad de la investigación científica para alcanzar la honestidad académica que conduce a la realidad. Y aunque en la construcción de esta última, el profesor juega un papel muy importante, los estudiantes deben estar conscientes de su obligación de aprender. Finalmente debemos recordar que la motivación de expresar una idea consolida la difusión y divulgación científica y que la capacidad de expresión escrita es vital para construir cualquier tipo de conocimiento. Pero monitorear esta capacidad en los estudiantes se vuelve casi imposible y como profesor se parte de la buena fe al analizar sus escritos. Frecuente es que esta práctica se deba a la búsqueda de reconocimiento social y en invertir la energía en la protección de una imagen y sólo superando esto, la construcción de conocimiento es posible.

Reflexión

Dentro de las ventajas de seguir este esquema tenemos que es más probable que entendamos el texto habiendo hecho una prelectura y algunas preguntas al respecto. Otra ventaja es que a partir de la extracción de ideas y palabras clave, se consolida más rápido un resumen. Sin embargo, toma bastante más tiempo que lo usual y eso es lo yo consideraría como la mayor de las desventajas. Ahora bien, habrá quienes no requieran una estrategia de lectura tan larga y habrá quienes necesiten añadir varios pasos al algoritmo. La clave está, creo, en practicar individualmente varias estrategias hasta encontrar la que más nos funcione personalmente.

Respuesta a varias preguntas de la sesión 5, sobre pensamiento crítico

¿Cómo define la competencia de Pensamiento crítico?

Es la capacidad de poseer un juicio reflexivo y propósitivo acerca para saber qué creer o qué hacer en respuesta a observaciones, experiencias, argumentos y expresiones verbales o escritas. Puede involucrar determinar el significado o la importancia de algo que observamos, leemos, oímos y, respecto a ciertas inferencias o argumentos, determinar si hay una adecuada justificación para aceptar una conclusión como cierta. Es la determinación deliberada para aceptar, rechazar o evitar juzgar alguna afirmación y el grado de confianza con el que uno la aceptará, rechazará o evitará juzgar.

Facione afirma que “Una persona puede ser buena para pensar críticamente, en el sentido de que la persona puede tener la disposición adecuada y ser un perito del proceso cognitivo, y aun así no ser un buen (en el sentido moral) pensador crítico”. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?, ¿por qué? Apoye su argumento con ejemplos.

Estoy de acuerdo. Se puede ser un buen pensador crítico en el sentido estricto aunque no en el sentido moral. Esto, porque el concepto de moral es diferente en cada cultura y varia con el tiempo. Además ciertas concepciones morales personales, dentro de una misma cultura, pueden tomar valores infinitamente controvertibles respecto a otras concepciones personales en ese mismo contexto. ¿Se puede decir en forma absoluta que alguien, mediante el uso de sus herramientas cognitivas como buen pensador crítico, esté usando o haya usado estas habilidades en contra de la ética o la moral? Estoy convencido que no, puesto que todo es relativo. Todo está en función de lo que una persona, grupos de persona o un país completo acepte como válido o correcto. Como ejemplo, pensemos en la edad de consentimiento sexual que varía en cada país (entre 12 y 18 años), en el concepto de mayoría de edad (entre 18 y 23 años) o en las diferentes juicios respecto al matrimonio, impartición de justicia, repartición de bienes comunes o valores democráticos.

¿Por qué es importante el desarrollo de la competencia de Pensamiento Crítico en el ámbito académico?

Para generar esa capacidad reflexiva e inquisitiva, primera y primariamente en los profesores y, así, apoyar a los alumnos para que la alcancen. Porque es bastante más probable que los estudiantes tengan la oportunidad de conocer el pensamiento crítico ya sea en las aulas de clases o en ámbitos académicos informales a que la hallen en su casa (los que la tengan). Esto, considerando las diversidad de ambientes familiares, frecuentemente disfuncionales y carentes de las herramientas cognitivas necesarias para desarrollar este tipo de pensamiento. O, en el mejor de los casos, cuando se poseen estas herramientas, existen condiciones adversas como desinterés o falta de tiempo, para su transmisión.

¿En qué nivel educativo considera que sería conveniente introducir el Pensamiento Crítico como parte de la curricula y en cuáles áreas de aprendizaje? ¿Por qué?

Desde el pre-escolar y en todas las áreas del aprendizaje, porque precisamente es en la infancia cuando desarrollamos la inclinación o el rechazo hacia cualquier esquema mental posible. Esto es, hay que implementarlo desde el primer momento en que se tiene a los estudiantes (niños de 4 o 5 años) en los ámbitos formales que la escuela proporciona. Desde el momento en que es posible interactuar verbalmente con los niños y obtener retroalimentación directa de ellos, es factible inculcarles la idea del pensamiento crítico para posterior y gradualmente irlos acompañando en el proceso de desarrollar las herramientas para que lo implementen en su vida cotidiana. Hay que maximizar la oportunidad única que representa el tenerlos físicamente “cautivos” –en el mejor sentido de la palabra- durante determinado número de horas (sobretodo en la educación básica) para que estén expuestos intensa e intensivamente a estos complejos procesos cognitivos. Para ello por supuesto se requiere que el personal que los tiene a su cargo, durante una buena parte del día, sea capaz y esté capacitado para enseñarlos con las procedimientos pedagógicos requeridos para hacer de ellos buenos pensadores críticos y vehementes buscadores de la verdad.

Reflexión sobre el ejercicio del estudio independiente en mi práctica académica en el módulo propedéutico

Este módulo propedéutico será muy diferente a un estudio escolarizado definido como aquél que requiere de “presencia física, cotidiana y obligada del alumno en la escuela para la realización de actividades en lugares, tiempos, fechas y secuencias predeterminadas por otros agentes educativos” (De los Santos V. E. 1996, p. 9). La idea será desarrollar durante él, varias habilidades necesarias para el estudio independiente. Estas habilidades no serán producto de generación espontánea sino que exigirán retroalimentación del resto de los actores que estamos formando parte de este singular ejercicio académico así como de estudio y refuerzo cotidiano. Estoy convencido que, idealmente, este módulo no debería de existir. Desafortunadamente y debido a deficiencias de nuestro sistema educativo desde el nivel básico, alcanzamos el punto de necesitar estandarizar las habilidades, de todos los integrantes de este proceso de enseñanza-aprendizaje antes de realmente empezar con la parte de investigación. Y esto es porque desde niños nos llevaron a través de un camino de aprendizaje repetitivo y no mediante procesos activos en el marco de los grupos a los que pertenecíamos. Es sólo a partir de ciertos mecanismos educativos y psicológicos que es posible el aprendizaje significativo más allá de las tradicionales aulas. Ahora, en este punto de nuestras vidas, debemos responsabilizarnos de nuestro propio aprendizaje y desarrollar, si es posible con el apoyo de un asesor, las habilidades metacognitivas para tener éxito en lo que nos propongamos. Entre muchas cosas, esto implica por cuenta propia, la planeación de varias actividades, la resolución de algunas problemáticas que se nos presenten y sustituir estímulos de los profesores con motivación. Tal cual menciona De los Santos (1996), esta visión de estudio independiente puede presentar algunas inconveniencias para algunas personas sobre todo en términos de los diferentes grados de interacción que cada enfoque de enseñanza conlleva. Algunos prefieren la retroalimentación física y hay incluso, detractores de cualquier tipo de educación a distancia pero, a la fecha y hasta donde sé, no hay evidencia concluyente de que el estudio independiente represente, necesariamente, serias desventajas respecto al estudio tradicional.

Resumen del texto de Papert

Papert, S. (1993). The children’s machine: rethinking school in the age of the computer. USA. Basic Books.

CAPÍTULO I. Anhelantes e instructores

Se plantea la necesidad de un megacambio en cómo la escuela enseña a los niños, distinguiéndose dos posiciones: instructores y anhelantes. Los primeros, queriendo cambios pequeños e inmediatos; los segundos, compartiendo el deseo en la magnitud del cambio. Se comenta la gran influencia y capacidad de transformación que poseen los ordenadores al introducirlos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, junto con ejemplos en cómo han hecho una diferencia en la adquisión del conocimiento y roto paradigmas de comunicación y percepción. La revolución escolar es posible, incluso a partir de conocimiento parcial, cualitativo y con modelos simples para entender problemas complejos.

Primer ensayo

Implementación de tecnologías en la educación

La tecnología como un concepto dinámico

De las imágenes en movimiento a la máquina del conocimiento

Hablar de tecnología es referirnos a un concepto sumamente amplio y a veces disperso, sobre el uso y conocimiento de herramientas que una especie animal puede desarrollar para controlar y adaptarse a su entorno. Sin tratar de asirnos a una definición estricta, podemos decir que es la aplicación que, como humanos, hacemos de objetos materiales e inmateriales partiendo de recursos naturales para mejorar nuestra calidad de vida. Esto involucra desde máquinas, hardware o utensilios, hasta software, métodos de organización y técnicas. Cuando hablamos de la tecnología en la educación, instantáneamente se piensa en el uso, en los salones de clases, de algún dispositivo que ahora tan familiarmente, denotamos como informático; sin embargo no siempre ha sido así. Lo que sí ha sido constante, es el debate sobre cuán necesario es incluir la tecnología en el quehacer docente y la discusión respecto a las ventajas y desventajas de hacerlo.

Si nos remontamos a la aparición, alrededor de 1940, de las primeras computadoras y si recordásemos que no fue sino hasta 1981 cuando se afianzó el concepto de computadoras personales, entendido como el uso individual de tales dispositivos (aunque, en ese momento, a precios prohibitivos para la mayoría de la población), pensaríamos que podemos sumar, a lo más, veinte años de discusiones acerca de los potenciales beneficios de la implantación de la tecnología, en los diversos procesos de enseñanza-aprendizaje. Pero estaríamos equivocados porque en 1937, casi quince años después de que las primeras imágenes en movimiento con sonido sincronizado fueran exhibidas públicamente, ya se discutía institucionalmente, a los más altos niveles en los Estados Unidos de Norteamérica, las oportunidades para mejorar la educación a través del uso de las películas, hasta ese momento dedicadas casi con exclusividad al entretenimiento. El mismo Thomas Alva Edison, en una entrevista en 1914, hablando de la video cámara· que había inventado, vislumbraba esta posibilidad al referirse a ella como una “máquina de servicio”. De tal forma que, cuando menos, han pasado setenta años desde que se visualiza a la tecnología como potencial creadora de nuevas oportunidades en la educación, siempre “con las apropiadas guías sociales y culturales”. En general, el impacto de la tecnología en nuestras vidas ha sido materia de análisis desde aún antes de entrar al siglo XX, cuando los intelectuales de la época ya comentaban que “el problema del progreso humano parece tener varios aspectos, como los físicos, materiales, sociales, morales e intelectuales” dentro de los cuales la tecnología es un área que debe aprovecharse para potenciarlos todos y sobreponerse a las límites humanos.

Uno de los problemas educativos en nuestro país (y en otros), es que se plantea que la tecnología no es indispensable para el trabajo en la escuela, viéndose como un lujo y no como una necesidad. Y, muy estrictamente, esto es cierto pero en la medida de las posibilidades económicas de cada región de nuestro planeta, siempre hay manera de incluirla de alguna forma y romper así, el monopolio del habla como instrumento que condiciona la información a compartir por una sociedad. Información que es transmitida entre las personas, a través del tiempo y no teniendo más diversidad que la escritura, que fue hasta cierto momento, la desviación mas significativa de esa tradición oral. Pero como dice Seymour Papert, sería sano cultural y pedagógicamente, pasar de las limitaciones de la lectoescritura hacia la adquisión de conocimientos basada, por ejemplo, en medios electrónicos que ofrecen una amplia gama de sensaciones más parecidas a experiencias de la vida diaria. Así comparte, de una forma más o menos similar, lo que planteaba John Dewey y otros partidarios o fundadores de la escuela filosófica del pragmatismo. Es evidente entonces, que continuar con los métodos tradicionales de enseñanza, independientemente que algunos los etiqueten de conservadores y anticuados, sí determina el grado de adquisición no sólo de información sino de conocimiento por parte de los educandos y que, en este sentido, la introducción de las computadoras a la educación es un reto al que se enfrentan los valores educativos, en una Escuela, que, como estructura social, debe legitimar su existencia ante las múltiples opciones que los padres buscan o crean en el afán de cumplir las ambiciones puestas en los hijos. Ambiciones que consideran no se cumplirían si los dejasen en las manos de administradores y profesores con una filosofía educativa inflexible y dogmática. Es en este contexto de transición, que Papert plantea la idea de una máquina del conocimiento que ofrezca a los niños un cambio desde la transmisión de información por lectoescritura donde son vistos y, más indignamente, sometidos como meros receptores, hacia una alfabetización personal, cooperativa, creativa y gradual que involucre su participacion más directa. Yo creo, que coartar la libertad de los niños a pensar y, más aún, aprovecharse del desconocimiento de ellos de que también la poseen en el contexto de la escuela, resulta en una forma de violencia no sólo premeditada, alevosa y ventajosa (más bien cómoda) sino institucionalizada y que amerita la revision del incumplimiento en la observación de sus derechos humanos más fundamentales. Evitar que con sus recursos mentales formen parte, aunque sea parcialmente, de la construcción de su conocimiento es sólo enfocarse en sus limitados recursos autodidácticos, propios de la corta edad y no vislumbrar las enormes capacidades diseñadoras que su infinita imaginación y gran capacidad de pensamiento no lineal les otorgan. Esta máquina del conocimiento producto de avanzada tecnología, él aspira, recogería todo el saber disponible y lo pondría, literal y metafóricamente, en sus manos, oídos, narices, bocas y ojos, para explorar el mundo más allá de las palabras, potenciando su capacidad creadora a través de experiencias sensoriales y kinestésicas.

Papert hizo manifiesta esta posición hace dieciséis años formando parte de una iniciativa que hace veintiséis, se generase en los Estados Unidos cuando se recomendó que las ciencias de la computación era una de los cinco competencias básicas que todo estudiante debía manejar después de sus doce años en la escuela pública. Las otras cuatro competencias planteadas a desarrollarse, cualesquiera los objetivos de trabajo o estudio después de esos años, fueron su idioma, las matemáticas, la ciencia y los estudios sociales. Respecto a las ciencias de la computación incluían tres aspectos: “el entendimiento de la computadora como un aparato de comunicación, cálculo e información; su uso en el estudio de las otras cuatro competencias tanto para propósitos personales como profesionales; y el entendimiento del mundo de las computadoras, la electrónica y las tecnologías relacionadas”. Reflexionemos por un momento en el equivalente mexicano y preguntémonos si, al terminar la preparatoria, nuestros alumnos han desarrollados estas competencias. Pese a que los norteamericanos, tampoco las han conseguido del todo, al 2003 ya habían obtenido tremendos avances que sólo pudieron ser posibles al haber implementado esta visión como política de estado. La revolución que debemos empujar en nuestras políticas educativas es precisamente considerar a la tecnología como una herramienta para enfrentar los retos en la enseñanza y el aprendizaje, como un agente de cambio y como una fuerza central en la competitividad económica. Mucho tenemos por hacer porque se requiere tener toda la infraestructura necesaria para mejorar el acceso y la conectividad, crear más y mejor software, estimular el desarrollo profesional sostenido y de alta calidad para entrenar a los profesores, incrementar la investigación y evaluación del impacto de las tecnologías en los estudiantes y revisar y actualizar las políticas que afectan el uso en la escuela de las tecnologías, particularmente en lo que se refiere a la seguridad y a la privacidad.

Todos estos aspectos y muchos otros, no abordados en este trabajo, me llevan a concluir que la implementación de la tecnología en la educación es no sólo indispensable sino que conlleva tantas oportunidades como problemáticas. Pero es imperativo su completa aplicación para conseguir el cambio del alfabetismo (la capacidad de leer y escribir) hacia una cultura alfabetizada (con la capacidad de pensar de formas reflexivas y creativas). Cualesquiera que sean los nombres con los que designemos a las implementaciones tecnológicas en la educación (como la máquina del conocimiento) el fin es llevar además de letras, también sonidos e imágenes vivientes para no sólo comunicar hechos sino para transmitir emociones desde una mente a otra sin las torpes (en el más amplio de los sentidos) interposiciones de las dificultades de los lenguajes y las limitaciones que las palabras han puesto en la mente de la humanidad por siglos. Ojalá sólo fuera cuestión de dinero (todo lo que tiene un precio económico es barato), pero requiere abatir la deficiencia de los profesores para usar las tecnologías adecuadamente, lo que es poco menos difícil que vencer la resistencia mental de muchos, a ellas. Recordemos que una herramienta pobre en las manos de un buen profesor puede ser más efectiva que una herramienta perfecta en las manos de un profesor con habilidades pobres en su uso. Se trata de vitalizar el curriculum, de hacer la educación más cercana a la vida real, de explotar todos los canales de aprendizaje porque es a través de tales experiencias con los niños, que los grandes objetivos sociales de la educación podrán ser alcanzados más directamente.


Merwin Marie Snell. The Man of the Future. Science, Vol. 18, No. 457 (Nov. 6, 1891), pp. 259-260

William E. Wickenden. A Challenge: review from “Education for an Age of Power” by Joseph K. Hart. The Journal of Higher Education, Vol. 6, No. 9 (Dec., 1935), pp. 503-504

Mark A. May. Educational Possibilities of Motion Pictures. Journal of Educational Sociology, Vol. 11, No. 3, Educational Aspects of the Motion Picture (Nov., 1937), pp. 149-160

A Nation at Risk. National Commission on Excellence in Education. US department of education. (Abr., 1983).

http://www.ed.gov/pubs/NatAtRisk/index.html

Accesado el 22 de Julio del 2009

Seymour Papert. The Children’s Machine: rethinking school in the age of the computer. USA. Basic Books. (1993), pp 1-21

A Retrospective on Twenty Years of Education Technology Policy. US department of education. (Oct., 2003).

www.ed.gov/rschstat/eval/tech/20years.pdf

Accesado el 23 de Julio del 2009.


· El concepto de video no existía en ese momento y el término correcto de su invención es “cámara de imagenes en movimiento”.

Resumen y reseña de un texto de Gardner

Resumen

Estudiar las formas como comprenden los estudiantes es una investigación clave dado que ha sido evidenciado con algunos instrumentos que sólo acumulan conocimiento y no la capacidad de resolver problemas. Por ello, se debe aprender a pensar de una forma disciplinada lo cual no suele ser enseñado y naturalmente pareciera que el ser humano no ha evolucionado para desarrollar explicaciones precisas del mundo físico, biológico o social. Esto puede entenderse recordando que durante un milenio la educación formal se caracterizó por su orientación religiosa. Además, la agenda educativa de los años de primaria presenta tres facetas utilitarias que no persiguen la comprensión como objetivo. Y, aunque después de la primaria, la agenda cambia, sólo se busca el estudio de materias y se deja de lado a la disciplina, entendida esta como una manera característica de concebir al mundo. Afortundamente, con los años los enseñantes han encontrado maneras de transmitir las disciplinas a las mentes en formación lo cual es imperioso puesto que es esencial que los ciudadanos del futuro puedan pensar como en las principales disciplinas que, a la vez, se pueden clasificar en aquellas obtenidas por comprensión y en las adquiridas por hábitos positivos. Independientemente del tipo de disciplina del que se trate, es en este proceso de adquirir un método disciplinado, donde al mismo tiempo se adquirirá una gran cantidad de conocimiento que los estudiantes del futuro, tendrán que aprender a sintetizar y a extenderlos de formas nuevas y desconocidas.

Reseña

Me ha parecido un texto muy interesante sobre todo porque no trata, con una intención reduccionista, algún problema específico o particular de los múltiples que se ven en un proceso de enseñanza-aprendizaje cotidiano sino que va a la raíz o, cuando menos, a una parte de ella para intentar explicar por qué vemos tales o cuales problemáticas en el día a día. Defiende con fluidez cómo la falta de disciplina, entendida de diversas formas, y no la falta de conocimientos es lo que impide a los estudiantes resolver problemas o situaciones que no experimentaron antes. Cuestión sumamente crítica pues realmente es eso lo que distingue a un ser humano de otro y potencialmente nos habla de la capacidad de adaptación y sobrevivencia exitosa de un individuo. Me parece adecuada la elección de las referencias a las que acude y oportunos los momentos en los que lo hace. Me parece que a veces se excede en la cantidad de ejemplos que proporciona, es mi apreciación que lo hace con la intención de aumentar la comprensión del lector. Fue una lectura apasionante y cautivante. Sólo puedo pensar en conseguir el texto completo y se me antoja para leerlo en una sentada.